Vacaciones en barco: cómo gestionar las relaciones a bordo

febrero 15, 2022

Vivir en un barco es muy sencillo y hay que gestionar las relaciones como en la vida cotidiana, y cada miembro del barco tiene un papel importante y vital que desempeñar.

Unas vacaciones en un velero son relajación, deporte y aventura en el descubrimiento de lugares encantadores, pero sobre todo es una nueva forma de tomar vacaciones, original y nunca igual. Se vive con total libertad: durante el día, de hecho, los ritmos no los dicta el reloj, sino la naturaleza. Todo fluye lentamente y te sumerges en los sonidos del mar y el viento; puedes hacer submarinismo o snorkel, explorar la isla o tomar el sol. Por la noche, cuando se pone el sol, puedes pasar la velada en la cabina tomando un aperitivo con alguien tocando la guitarra de fondo, o puedes ir a tierra a uno de los muchos pequeños restaurantes donde puedes disfrutar de un buen rato.

El velero tiene espacios estrechos, pero conocer a gente nueva a bordo es una emoción enorme. La armonía en un barco es el resultado de la cooperación mutua entre las personas a bordo, y ésta se produce cuando cada uno realiza las tareas que le son más afines (según sus aptitudes y predisposiciones). Como todo el mundo está de vacaciones en un barco, además del espíritu de equipo y la cooperación, el respeto y la comprensión mutuos son esenciales: en resumen, ¡la educación siempre da sus frutos!

Por último, pero no por ello menos importante: el orden y la limpieza son fundamentales en la vida de una comunidad y preocupan, además de tu propia cabaña, sobre todo los espacios comunes.

Además, el barco será tu hogar durante unos o muchos días, por lo que tendrás que respetarlo y protegerlo, y «ella» hará lo mismo contigo: la vida a bordo es aún más hermosa, podrás ver lugares encantados, vistas impresionantes, amaneceres y atardeceres con una luz diferente, tendrás el viento en el pelo, y una total e increíble sensación de libertad.

Relaciones a bordo: relaciones con los demás

Estar en contacto diario con nuevas personas que tienen intereses diferentes a los nuestros es una gran bendición y ¡se necesita muy poco para llevarse bien a bordo! Por lo general, en un barco se repite lo que se hace en la vida cotidiana: ¿ha escuchado alguna vez la frase «todos estamos en el mismo barco»? Sí, porque en un velero se comparte todo, la misma comida, el mismo miedo al mar o la misma alegría, las mismas experiencias, las mismas pasiones, los mismos espacios, las mismas emociones. Compartes la misma experiencia de forma diferente y subjetiva y casi siempre nacen hermosas amistades y amores de verano.

¿Cómo debe comportarse a bordo? Las reglas de buena educación en el mar son las mismas que en tierra… en el momento en que nos embarcamos estamos entrando en casa ajena como invitados, por lo que pedir permiso al subir a bordo es la primera regla (que te hará congraciarte con el patrón) a seguir. Recuerda siempre que no estamos solos a bordo, sino que hay otras personas con nosotros, por lo que necesitamos la colaboración de todos. Cada uno, según sus capacidades, debe ayudar en las actividades de a bordo: estas tareas, si se comparten entre todos, se convierten en un placer, un motivo de convivencia y contribuyen al éxito de las vacaciones. Intentemos también, por respeto mutuo, no fumar contra el viento, que puede ser molesto, no dejar alrededor demasiados objetos personales que invaden el espacio de los demás, no hacer demasiadas peticiones extravagantes y dar a todos la oportunidad de aprender a gobernar un barco. Por lo general, las tripulaciones de vacaciones no tienen mayores problemas de convivencia a bordo, la gente a bordo quiere socializar y divertirse (¡siguen siendo vacaciones!). Así que sólo hace falta un poco de flexibilidad para que todo el mundo tenga una de las mejores experiencias y un poco de adaptabilidad, porque sois una tripulación a bordo y las cosas son aún mejores cuando se hacen en armonía.

Relaciones a bordo: tripulación y funciones

En un barco no basta con saber navegar, sino sobre todo saber estar con la gente. El patrón, sobre todo, tiene un papel muy importante, de hecho, además de «comandar» el barco, tiene que establecer reglas claras y precisas en el embarque (una especie de briefing) porque ante todo tiene que haber seguridad en la navegación, lo que no se puede discutir.
Una vez establecidas las normas básicas, durante todas las vacaciones todo el mundo aporta su contribución, ayudando al resto de la tripulación; ¿cuáles son los momentos en los que hay que echar una mano? Especialmente al atracar y amarrar, o al ajustar las velas (hombres, un paso adelante) para ir más rápido. Pero no te olvides de echar una mano en la cocina, aunque intentes cocinar por turnos, aprovechando los talentos de todos los miembros de la tripulación: así, si no eres un cocinero experto, seguro que eres apto para otra tarea como preparar un spritz o lavar los platos; es aconsejable preparar comidas sencillas y súper rápidas cuando estés navegando, mientras que cuando estés fondeado o en puerto, el cocinero de turno puede dar rienda suelta a sus habilidades de «chef».

Pero la verdadera regla de oro de la convivencia a bordo es: el barco es lo primero. Será nuestro caparazón, el medio de nuestra libertad y disfrute, nuestro hogar durante los días/semanas que estemos a bordo, así que ella es lo primero. El barco se mueve y tiene sus propias necesidades, y si nos adaptamos a los ritmos y comportamientos que nos sugiere, apenas habrá problemas de convivencia a bordo, ya que el barco nos indica en cada momento cuál es el lado correcto en el que debemos estar, cuál es el siguiente movimiento que hará, qué gestos debemos evitar. Si lo observas, entenderás qué espacios debes ocupar y cómo moverte, ¡y te guiará!
Si se aprovecha la experiencia de unas vacaciones en velero para conocer realmente este mundo, lo primero que hay que hacer es confiar en la embarcación y apoyarse en ella. No se arrepentirá.