Encuentros insólitos en un barco: nadar en las Seychelles con una tortuga marina

noviembre 19, 2021

Imagínate navegando contra el viento, inmerso en aguas cristalinas y rodeado de islas paradisíacas… ¿puedes visualizarlo?

Bien, sigamos: estás en un catamarán en el archipiélago de las Seychelles, te despiertas anclado en Anse Volbert, con una magnífica vista de ese pequeño rincón del paraíso más conocido como «Isla Redonda«. La vista ideal para disfrutar de una taza de café y un buen desayuno. Esta mañana no hay prisa, relajado el patrón se prepara para zarpar hacia la isla. Al cabo de diez minutos, el paisaje cambia: el agua es aún más transparente, por imposible que parezca, los detalles de la isla comienzan a emerger y te fijas en su peculiar forma, un conjunto de rocas adornadas por una selva de cocoteros. Una imagen de la naturaleza salvaje y virgen, sin la huella del hombre. El patrón echa el ancla y te sientes como en un auténtico paraíso perdido.

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Tu respiración se acelera, tu emoción es máxima, no puedes esperar a pasar el día explorando la belleza del lugar. No hay tiempo que perder: aletas, máscara y tubo, en poco tiempo estarás listo para sumergirte en el corazón de esta reserva natural.

Todos los colores del arco iris

¿Sigues ahí conmigo? Pues no te pierdas ahora, te voy a llevar a conocer a uno de los animales marinos más fascinantes que existen: la tortuga marina.

Un par de brazadas de aleta y llegamos a la isla: nadando al pie de estas catedrales naturales, las rocas grisáceas son aún más impresionantes desde esta perspectiva. Bajo el agua, contemplamos sus formas irregulares, a veces redondeadas, a veces cruzadas, con una diversidad única.

Nadando junto a la isla, nos encontramos con todo tipo de peces de todos los colores del arco iris. Desde el mero hasta el gran pez murciélago, el pez ángel y el pez trompeta, ¡ya no sabemos dónde mirar! Mira, incluso está Dory, el famoso pez amigo de Nemo. Es una auténtica delicia, es como nadar en un acuario natural.

Un poco más adelante, nos encontramos con un banco de pispas. Con su color azulado casi transparente, es difícil reconocerlas en la distancia, pero cuando las alcanzamos son inconfundibles, con su hipnótico estilo de natación.

En el otro lado de la isla…

Después de veinte minutos de nado, llegamos al otro lado de Isla Redonda, donde las corrientes se hacen más fuertes. El paisaje submarino cambia, ya que este lado de la isla está bordeado de aguas poco profundas.

Nos acercamos lentamente al islote cuando de repente aparece algo delante de nosotros: ¡una tortuga marina! Sacudido por las olas, lucha por mantenerse quieto en la roca en la que intenta alimentarse. Pero algunas olas son más fuertes que otras, y al cabo de un tiempo lo perdemos de vista.

Pero entonces, ahí está, reapareciendo en el fondo. ¡Se ve tan tranquila! Estamos tan cerca, nunca había estado tan cerca de una tortuga marina.

Nadar juntos en su entorno natural – un verdadero privilegio!

¡Es majestuosa! Nunca me cansaría de mirarlo. ¡El privilegio que nos da de permitirnos nadar con ella en su entorno natural es extraordinario!

Por desgracia, los colores de su caparazón están velados por una capa de algas. Esto significa que algún turista imprudente se ha aprovechado de su inocencia para tocar su casita. Qué triste, si la gente se diera cuenta del daño que causa al no respetar la naturaleza. Verás, las tortugas tienen una fina membrana en su caparazón que les ayuda a protegerse de los agentes externos. Sin embargo, cuando se toca, la membrana desaparece, lo que hace que este hermoso animal sea vulnerable.

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Ha pasado media hora y todavía la estoy viendo comer. Se ha fijado en mí, pero no parece asustada en absoluto. Me mira de reojo y se ha acostumbrado a mi presencia. Después de terminar su comida, se acerca a mí y… ¡me mira! Es increíble, me mira directamente a los ojos.

Una historia de amistad submarina

Pasan unos minutos antes de que se ponga en pie. Gira la cabeza hacia mis aletas, como si las observara. La sigo tranquilamente, pasando más de una hora nadando a su lado, observándonos mutuamente. ¡Parecemos Scorza y Martín en Buscando a Nemo!

Creo que terminó considerándome como propia y adoptándome. En serio, sigue todos mis movimientos: cuando se sumerge un poco más, contengo la respiración para acompañarla, pero, por desgracia, al no ser yo una tortuga, tengo que volver a la superficie para tomar aire. Bueno, ¿adivina qué? En cuanto empiezo a subir de nuevo, ella hace lo mismo y viene a respirar conmigo. ¡Y esta cosa extraordinaria sucede una y otra vez!

No puedo creer lo que ven mis ojos, parece que he desarrollado un vínculo especial, una armonía indescriptible, ¡casi una simbiosis!

Nunca quise dejarla, habría seguido siguiéndola durante horas, pero pronto me di cuenta de que me llevaba en dirección contraria al catamarán. Es hora de decir adiós. Así que me detengo y la veo partir, nadando hacia nuevos horizontes.

Una magia indescriptible: este insólito encuentro quedará seguramente como uno de los mejores recuerdos de mis vacaciones en catamarán en las Seychelles.