La emocionante aventura de una inmersión nocturna en Seychelles

Esther

written by Esther • abril 23, 2019

Esta es la historia de Alyzée Joy Montana, Media Crew de Sailsquare, durante uno de sus viajes con Sailsquare a las maravillosas islas de Seychelles. A continuación, comparte con nosotros la emocionante experiencia de una sesión de buceo de noche bajo la superficie marítima del Océano Índico. 

¡No te lo pierdas!

Seychelles: un viaje hacia las profundidades del Océano Índico

Estamos en el corazón del archipiélago de las Seychelles, en mitad del Océano Índico. Intenta imaginarte como si estuvieras allí porque lo que te voy a contar merece ser vivido, más que leído.

Imagínate por un momento a mi lado a bordo del Muzical, un catamarán de 45 pies anclado en la bahía de Anse Volbert, en la isla de Praslin, en el corazón del archipiélago de las Seychelles.

Es la 01:00 de la madrugada y todavía hace 29º. Tras una noche de barbacoa en la playa de Côte d’Or con la flotilla, cada uno se va a sus respectivos barcos para disfrutar de un último rato en la cubierta antes de dormir. Es tarde y todos estamos exhaustos. Andrea, nuestro patrón, aprovecha la calma de la noche para disfrutar de la belleza de la luz de la luna reflejada en el horizonte.

Sesión de buceo nocturno en un fondo marino lleno de sorpresas

Preparada para dejarme abrazar por los brazos de Morfeo, oigo a Andrea llamarme. Me invitaba a juntarle en el puente del velero. Curiosa, me acerco e inclino la cabeza sobre la barandilla del barco. El agua del mar estaba iluminada por colores fosforescentes a causa del reflejo de las luces azules de neón del barco, y podía apreciar una visión completamente diferente del fondo marino. La mágica escena me dejó totalmente sorprendida, así que me dispuse a contemplar el gran acuario natural que tenía enfrente.

Minutos más tarde, Andrea apunta con su dedo hacia el mar: “tienes que mirar más profundo”, me dice. Allí, acechando en las sombras, veo una silueta triangular, luego dos, ¡y luego tres! ¡Eran rayas bailando juntas!

En cuestión de segundos, corrí a cambiar mi pijama por un traje de baño, ¡tenía que sumergirme para verlo de cerca! Aletas, máscara, tubo para respirar y GoPro, ¡lo tengo todo!

Andrea intentó frenarme debido a la hora que era (01:30 de la madrugada): “Se razonable, no te vas a ir a la cama con el pelo mojado, ¿no?”, me comentó en un tono burlón. El patrón aún no sabía con qué personaje estaba lidiando… “No sólo me sumergiré en el mar, sino que también intentaré acercarme lo más posible para capturar el momento con imágenes impactantes” respondí inmediatamente.

Fue en ese momento en el que Andrea se dio cuenta que nada me haría cambiar de opinión. Por lo que tomó la decisión de acompañarme durante la sesión de buceo crepuscular.

Muy lentamente, fuimos descendiendo por la escalera. Es esencial ser delicado para no asustar a las criaturas que se encuentran bajo el mar. Bien equipada con mi linterna, superviso el proceso de inmersión desde el puente del barco.

Una experiencia extraordinaria que jamás olvidaré

Una vez puesta la máscara, meto la cabeza en el agua para ver el espectáculo. Te aseguro que por la noche, bajo el agua, es un universo completamente diferente, todo parece más lento y en calma. Es cierto que, a primera vista, bucear de noche en el mar puede parecer aterrador, pero una vez sumergido en la oscuridad, uno experimenta una sensación de plenitud inolvidable.

Nadando entre rayas, era parte integral del espectáculo. Tuve el privilegio de bucear junto a estas criaturas. Una de ellas me rodeó y comenzó a realizar una especie de ballet alrededor de mi cuerpo. Me sentía como Merlín El Encantador, ¡increíble pero cierto!

Hasta entonces, todavía no había procedido a realizar mi primer descenso, por lo que me conduje un poco más hacia el fondo para acercarme a aquellos ángeles camuflados en la oscuridad. Según Andrea, 3-4 metros de profundidad no es mucho, pero hay que concentrarse mucho en la respiración. Cuanto más me sumergía, más oscuro se volvía mi entorno. Una vez abajo, la visibilidad se limita a la circunferencia del halo azul de la linterna.

De repente, de la nada, ¡apareció una raya! Se acercó hacia mí, girando alrededor como atraída por el reflejo brillante de la luz de neón que desprendía mi cuerpo.

Me disponía a dormir y sin darme cuenta ya estaba en un sueño

Casi sin aliento, aleteo hacia la superficie. Andrea me aconseja que tenga mucho cuidado porque estas rayas pueden ser peligrosas si te acercas demasiado a ellas. Consciente de ello, vuelvo a sumergirme y me mantengo cautelosa. Allí ya no había una sola raya, sino tres que se había unido a la danza en el arrecife de coral.

Recuerdo que me pareció un espectáculo increíble, nadan en grupos y con mucha gracia, como acunados por el movimiento del agua. ¡Sólo pensarlo, hace que pierda las palabras ante tanta elegancia!

Las rayas comenzaron a alejarse gradualmente de mi campo de visión, así que me propuse seguirlas tímidamente con mi GoPro. Andrea tomó el relevo y sostuvo la linterna por mí para iluminar toda la zona. Despreocupada, ya no tengo noción del tiempo, los segundos me parecían horas, ¡qué aventura tan sensacional!

Cuando volví a la superficie para tomarme un respiro, Andrea me dijo que ya eran las 02:30 de la madrugada, así que decidimos dejar que la naturaleza continuara su noche. Fue difícil quedarse dormido después de vivir un sueño así.

Efectivamente, esa noche nadé con un grupo de rayas en mitad del Océano Índico. Ahora dime, ¿qué podría ser más mágico?