Dos semanas navegando de Islandia al este de Groenlandia

Esther

written by Esther • marzo 25, 2019

¿A quién preguntar sobre navegar por el Círculo Ártico mejor que a un patrón que ha pasado los últimos 15 años navegando allí? Stephane, patrón de Sailsquare, empezó a navegar a los 15 años y hasta hoy se podría decir que ha surcado prácticamente todos los mares y océanos del mundo, con especial deseo de explorar el Ártico y Antártico. En este artículo, Stephane nos cuenta su experiencia de primera mano.

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Palabras de Stephane:

Dos semanas navegando de Islandia al este de Groenlandia

Explorando la costa prohibida

Isafjörður, noroeste de Islandia. Realizamos las últimas revisiones a bordo, las previsiones meteorológicas resultan ser favorables, un polo de hielo del Estrecho de Groenlandia nos despeja el camino y nosotros nos dirigimos a una de las zonas más remotas y salvajes del hemisferio norte. Tras 30 horas de navegación, donde tuvimos la suerte de avistar ballenas entre los icebergs, por fin llegamos a la siniestra costa de Blosseville.

En su Artic Pilot, el Almirantazgo británico dijo: “El tramo de costa entre Kap SM Jørgensen y Kap Deichmann, es considerado uno de los más difíciles de Groenlandia. Las montañas se elevan casi verticalmente desde el mar formando una especie de baluarte, con grietas a través de las cuales los glaciares activos descargan importantes cantidades de hielo, y todo mientras el peligro acecha cuando navegamos entre numerosos islotes y rocas”. Sin embargo, salir de allí sin traba alguna es muy gratificante.

Aquí es donde cientos de glaciares tallan hermosos icebergs que más tarde, empujados por la corriente este de Groenlandia, serán desplazados lentamente hacia el sur. Esta es también una zona oceanográfica de máxima prioridad, donde el flujo de las aguas cálidas del norte del Atlántico genera el agua fría para todos los océanos, lo que ayuda a enfriar el clima del hemisferio norte.

Soltando el ancla en Nansen

Anclamos en el fiordo de Nansen, cuyo nombre se debe al famoso explorador Fridtjof Nansen, que fue el primero en cruzar las capas de hielo del Ártico con unos esquís. Las montañas más altas del Ártico se alinean con el horizonte, y el borde del hielo del glaciar Christian IV conforma el magnífico fiordo. A menudo, los osos polares van a nadar o caminar por la orilla en busca de focas, ¡mantén los ojos bien abiertos!

Como de costumbre, decidimos explorar un poco y probar un nuevo punto de anclaje. Esta vez pusimos nuestros ojos en un fiordo sin nombre, justo al noreste del fiordo de Nansen. El hielo y la niebla nos frenó por el camino, y un “simpático lugareño” vino a darnos la bienvenida a su reino: un Oso Polar que nos conduciría de vuelta al punto de anclaje inicial.

El fiordo de Nansen a menudo ha demostrado ser un poco escurridizo, pues es difícil acceder a él debido a la cantidad de hielo que bloquea el paso. El gran glaciar Christian IV es el culpable de ello, ya que descarga enormes cantidades de hielo en el fiordo, dificultando así la navegación (a veces imposible). Esta vez nos las arreglamos para navegar hasta la cima del fiordo, donde acabamos pisando tierra y pudimos caminar un poco. Más tarde, encontramos unos narwhals nadando cerca del barco, y entre ellos la ternura de una madre con su cría.

Navegamos en alta mar para llegar a nuestro próximo destino. Por supuesto, disfrutamos de la vista panorámica de la capa de hielo, claramente visible sobre la niebla del mar, ofreciendo así un paisaje extraordinario al mar. Navegamos en silencio, protegidos por el área del Ártico de alta presión en verano, bajo un cielo azul claro, escuchando el cántico de las numerosas ballenas jorobadas que nadaban a nuestro alrededor.

Soltando el ancla en Kangerlussuaq

Tras nuestra aventura por Nansen, entramos lentamente en el fiordo Kangerlussuaq, que literalmente significa el “gran fiordo”, ubicado en Inuit. En el puerto se apreciaba el glaciar Hutchinson, claramente visible al otro lado del fiordo, a pesar de la distancia, ¿es acaso un espejismo ártico? El acantilado de hielo domina majestuosamente un mar en calma, y ​​cientos de icebergs de diferentes tamaños se mueven lentamente hacia alta mar. Encontramos un lugar agradable donde anclar y amarrar el barco junto a la tierra, en una pequeña cala protegida contra el viento y el hielo, rodeada de piedras de granito amarillo.

Disfrutando de la tranquilidad del lugar, pasamos algunos días caminando por la isla de Kraemer donde, desde sus suaves colinas, pudimos descubrir los impresionantes glaciares y las altas cumbres que nos rodeaban. Nadamos y remamos en el refrescante mar bajo un cálido sol, ¡fue una experiencia alucinante! Especialmente cuando una sonriente foca la disfrutaba con nosotros.

Más tarde, nos adentramos en los fiordos, hacia el glaciar Kangerlussuaq, aquí exploramos y descubrimos varias maravillas naturales, más focas, icebergs, una luz diferente, acantilados de colores y piedras.

Hasta entonces habíamos recorrido los lugares más inhóspitos del Ártico, donde la naturaleza y otras criaturas eran nuestra única compañía. A continuación, continuamos con nuestro viaje hacia el sur y hacia zonas un poco más civilizadas.

Llegando al glaciar Hutchinson

Primero nos detuvimos en la isla Aputitek, donde se encuentra una estación meteorológica entre ruinas, cuyas ruinas se sitúan frente al enorme glaciar Hutchinson. Después dimos un largo paseo bajo la luz del día, que nunca se apaga, hasta la isla de Milait y el fiordo de Kruuses. Apreciamos a un grupo de ballenas jorobadas alimentándose y jugando a nuestro alrededor, ¡incluso saliendo del agua como queriendo saludar!

Más tarde, un gran trozo de espeso hielo en el mar nos impidió llegar a Nualik desde el norte. Así que dimos la vuelta y nos desviamos rodeando el hielo. Decidimos cambiar el rumbo hacia la isla Milait en lugar de Nualik. Encontramos muy poco hielo a lo largo de la ruta, pero nuevamente nos toparíamos con otro montón de hielo muy concentrado que nos impediría llegar a la isla Milait. ¡La misma historia se repitió para otros tres puntos de anclaje potenciales a lo largo de la costa!

Caminata hasta Kap Gustav Holm

Finalmente, llegamos a un tranquilo ancladero a orillas de Kap Gustav Holm y decidimos hacer una caminata de varios días hasta llegar a la cima de la montaña que se encuentra sobre nosotros (de unos 1,000m de altura). Por el momento nos encontrábamos sobre los dos glaciares más grandes de la costa, Steenstrup y Laube. Las vistas eran impresionantes, así que nos quedamos allí unas horas para disfrutarlas. Observamos águilas de cola blanca y el lento movimiento de los icebergs desplazándose hacia el sur. Después decidimos regresar a nuestro campamento, el velero, para compartir un delicioso almuerzo y charlar sin cesar sobre las maravillas de esta costa prohibida.

En la “costa prohibida” pasamos el tiempo haciendo kayak, senderismo y snorkel, así como un poco de pesca para degustar el delicioso Arctic Char. Celebramos un gran banquete con este pescado cocinado de diferentes formas: frito, ahumado, entero al horno, hecho en sushi, sashimi o ceviche.

El viento del noreste comenzó a soplar suavemente, después de más de una semana de calma. Así que aprovechamos la oportunidad para continuar hacia la siguiente parada, desplegamos las velas y navegamos a buena velocidad fuera de la costa, para evitar así los ‘growlers’: iceberg de menos de 2m que flota con menos de 1m sobre la superficie. Para ello, necesitamos mantener una vigilancia constante delante de nosotros, para poder detectarlos correctamente y evitarlos sin problema. Al final acabamos entrando en una bahía completamente cerrada, donde docenas de pequeños ríos nos ofrecieron agua fresca para rellenar nuestros tanques de agua. A continuación, nos percatamos de que había más montañas rocosas que heladas y que, por lo tanto, el mar se estaba calentando, lo que nos permitió hacer una sesión de snorkel entre hermosas aguas cristalinas.

Hacia el final del trayecto: Kulusuk

Tras otro día de navegación, entramos en el fiordo de Ammassalik y en la bahía de Tassilaq, la ciudad capital del este de Groenlandia. Fuimos recibidos por un espectacular atardecer de colores rojos y por un concierto de cientos de perros husky. Delante de nosotros apreciamos un pueblo multicolor viviendo en silencio al extremo sur de esta hermosa costa salvaje que llevamos explorando durante estas dos semanas. Pocos días más tarde, después de haber navegado por los alrededores del fiordo y haber visitado otros pequeños asentamientos de nombres exóticos, como Tinitequilaq o Kummiuut, nos dirigimos hacia Kulusuk para amarrar el velero y marchar hacia el puerto del aeropuerto, donde tomamos nuestro vuelo de regreso a Islandia. Pudimos admirar las montañas, el hielo y el mar desde el cielo por última vez.

Esta no sería nuestra última aventura pues muy pronto, el velero y la tripulación, comenzarán su próximo viaje de ensueño por el misterioso norte del Ártico.